Everyday it will rain.
Se paró rápidamente, se
arregló su chaleco, bajó rápido del escenario, recogió su bolso que estaba en
las butacas y salió corriendo del teatro. Lo que menos soportaba es ver a
tantas personas burlándose de ella. Estaba claro que ella ya estaba llorando,
sentía pena, rabia de sí misma por no saber defender en momentos como esos.
Salió de la escuela, estaba
lloviendo.
-Genial. –susurró. El
autobús no pasaba más, no le quedaba otra que irse caminando a su casa. Por
suerte tenía un gorro para que cubriera un poco su cabeza, aún así ya estaba
completamente mojada.
Se veía ridícula. Mojada y
como la pintura chorreaba por su cuerpo ya que aún no estaba seca. Seguía
llorando. Nunca entendía porqué se burlaban así de ella, porque Ashley la
odiaba tanto. Por lo que ella recuerda, nunca le había hecho nada malo a Ashley
ni a los demás para que ellos le hicieran tanto daño a ella. Hacía un frío
horrible. Ella estaba solo con un suéter y encima un chaleco. Se tomó de los
brazos y los frotó, pensando en que les daría un poco más de calor, pero no
pasó. Era obvio que el castigo se le iba a alargar, tal vez que le pondría
después el director, ya que, dejó el ensayo a la mitad.
Comenzó a estornudar. Se iba
a resfriar, no había nadie en la calle. Su cuerpo estaba completamente mojado,
sus pies estaban mojados igual, el agua traspasaba sus zapatillas. Otro
estornudo. No tenía nadie que la fuera a recoger. Sus padres no podían ni su
hermano menos. La primera persona que se le ocurrió fue Matt.
Paró en la vereda, justo
debajo de un árbol. Sacó su celular, puso su mano encima del teléfono para que
no le llegaran gotas y marcó el número de su amigo. Un tono, dos tonos, tres
tonos… 5 tonos. Se puso el buzón de voz.
-Mierda. –dijo ella y más
lágrimas salieron de sus ojos. Quiso intentar una vez más. Volvía a marcar.
Nuevamente no respondía. –Matt… por favor. –susurró.
Sintió a lo lejos el sonido
de una moto, seguía con el teléfono en su oreja. No le prestó atención a la
moto. Matt seguía sin responder, ella más se desesperaba. Tenía su miraba en el
suelo y movía su pierna desesperadamente. Se dio por vencida, ya no iba a
responder. Suspiró. Sintió como la moto se ponía frente a ella.
-¿Quieres que te lleve? –era
Justin. Ella lo miró seria, todavía tenía algunas lágrimas en sus ojos.
-No. –dijo cortante y
comenzó a caminar. El motor de la moto paró.
-Oye. –la agarró del brazo.
Ella se soltó bruscamente y siguió caminando.
-¡Oye! –dijo más fuerte.
-¡Qué! –se alteró.
-Déjame llevarte. Te
enfermarás.
-Te dije que no quiero.
-Lucy.
-Adiós. –se volteó y volvió
a caminar. Estaba enojada. Enojada con el mundo, enojada con ella misma,
enojada con Justin, enojada con Matt que no contestaba, enojada con todos.
-¡Bájame! –gritó en cuanto
sintió que Justin la tomaba por atrás de la cintura.
-Que porfiada que eres.
–caminaba con ella como si no pesara nada.
-¡Bájame! –pateaba en el
aire.
-Quédate quieta. –dijo él
firme. Caminó hasta la moto con ella, la sentó a la fuerza.
-Ten. –le mostró un casco.
Ella lo ignoró y miró a otro lado. –Si no te lo pones, será algo peligroso. -Lucy
lo ignoraba.
-Ay. –suspiró fastidiado. Le
puso el casco. Ella no hacía nada, ignoraba todo lo que hacía Justin.
-Afírmate. –ella volvió a no
hacer caso. Justin encendió la moto y avanzó un poco. Lucy se asustó y agarró
fuertemente a Justin haciendo que éste riera.
Lucy lo tenía muy apretado,
tenía su cabeza apoyada en su espalda y lo abrazaba fuertemente con los ojos
cerrados. Tenía miedo, nunca había andado en una moto. Justin trató de manejar,
pero no podía, ya que Lucy tiraba un poco de su chaqueta, haciendo que esta
quedara muy apretada e impidiendo que Justin manejara.
-Linda, si me aprietas tan
fuerte no puedo manejar. –ella abrió los ojos. Justin subió su chaqueta y Lucy
pasó sus brazos bajo de ella.
-Está mejor. –dijo y
emprendió camino.
Ella no quería abrir los
ojos, sentía mucho miedo estar arriba de la moto… y con Justin. Estuvo
manejando unos quince minutos, era mucho ya que en auto o en cualquier
transporte la casa de Lucy quedaba a sólo cinco minutos. Abrió los ojos y vio
que estaba en la carretera.
-¡¿Qué haces?! –gritó y se
acercó un poco a la cara de Justin tratando de no pararse tanto. Él tenía su
mirada fija en el camino.
-¡Llévame a mi casa!
–protestaba.
-¡Justin! –comenzó a
desesperarse.
-Ay, relájate. –decía
tranquilo.
Si fuera por ella, se
bajaría, pero obviamente eso era imposible, salvo si quería matarse. A simple
vista, estaban lejos del vecindario en donde vivían. La lluvia había parado un
poco, pero aún seguían cayendo algunas gotitas.
-¿A dónde me llevas?
–preguntaba. Él no respondía.
-¡Responde! –nuevamente se
desesperó.
Él no tenía intenciones de
hacerle nada malo, sólo quería ir a dar una vuelta con ella. Para Lucy, Justin
prácticamente la estaba secuestrando. Sonaba muy tonto.
-Justin. –el semáforo estaba
en rojo.
-¿Podrías calmarte, por
favor? No voy a secuestrarte ni nada de eso. –seguía mirando al frente, tenía
su mirada seria.
-¿Dónde me llevas?
-A un lugar… -hizo una
pausa.- Un lugar muy especial. –sonrió levemente. La luz se puso en verde y
siguió su camino.
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